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La mayor parte del consumo de los hogares proviene de plantas de desalinización, agua que luego se limpia y reutiliza para el riego agrícola altamente tecnificado. La fórmula, que también tiene a la educación y la innovación como piezas clave, les ha permitido incorporar nuevas especies y dejar de depender de la lluvia para el desarrollo de la agricultura.
Hace diez años el paisaje no era igual. Los pocos cultivos que se veían en ese mismo camino por el desierto de Negev -según explican quienes lo conocieron- eran de algodón y otros cultivos de menor valor, porque la poca disponibilidad de agua no les permitía dedicarse a otra cosa.
“Hicimos un gran cambio. Éramos productores de papas y ahora producimos granadas, carozos y jojoba. Llevamos cinco años en este rubro y queremos seguir cambiando. Nos gustaría producir almendras, pecanos o uvas para hacer vino a futuro”, comenta Yigal Abtabi, quien administra la producción de una comunidad de agricultores en la que obtienen dos mil toneladas de granadas al año, las primeras que se plantaron en Israel.
Por ellas recibe unos US$ 58 por caja, una rentabilidad diez veces mayor a la de las papas, asegura. Es un cambio que pudieron hacer gracias a que para regar pueden utilizar el agua tratada que proviene de las ciudades e industrias, la que les permite plantar casi lo que quieran, con la diferencia de temperaturas entre el día y la noche como única limitante.
Los cambios que ha implementado Israel desde hace diez años, luego de una de sus peores sequías que significó recortes de 50% en el agua para el área agrícola, no solo se han traducido en nuevas oportunidades para el sector, sino que han llevado a que sus habitantes dejen de depender de las lluvias para producir. Tanto, que ahora deben preocuparse de hacer campañas de televisión para que las personas recuerden que nuevamente están en un período de escasez de agua, que en el día a día no se nota.
También se ha transformado en un modelo de exportación, y a mediados de septiembre de este año realizarán una nueva versión de la feria Watec para mostrar los nuevos avances en el uso y manejo eficiente del agua, que este año por primera vez incorporará un día completo destinado a las autoridades de distintos gobiernos, para debatir en torno a la regulación.
La primera acción que tomó en su momento el país fue reorganizar las instituciones relacionadas con el manejo y distribución del agua y fijar una sola cabeza a cargo del tema, además de precisar que el recurso es propiedad de todos, con un marco regulatorio claro. Pero lo más llamativo, quizás, es la construcción de plantas de desalinización de agua del mar Mediterráneo, que hoy generan casi el 80% del agua que se consume en el país, la que después se recicla y vuelve a utilizar para el riego.
Ese riego, además, es altamente tecnificado.
“Solo el 10% del agua se usa en los hogares, y el 70% en la agricultura. Si ahorramos el 15% en ese rubro podemos duplicar el volumen disponible para el consumo humano a nivel mundial. Y si queremos ahorrar agua en la agricultura, estamos hablando de regar mejor”, asegura Nati Barak, el gerente de sustentabilidad de Netafim, la compañía israelita que inventó el riego por goteo y que hoy tiene 28 filiales en otros países.
Así, si a nivel mundial la superficie agrícola que cuenta con riego alcanza al 20%, con la cual se produce el 40% de los alimentos en el mundo, aun cuando solo el 5% corresponde a riego por goteo.
En Israel, donde el 60% de sus tierras es desierto, el 75% de los suelos agrícolas tiene tecnología para irrigar, como parte de un ciclo completo de uso eficiente del agua, que también tiene a la educación e innovación como piezas clave.

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