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A dos semanas de Pésaj, es muy posible que te sientas… un poco estresada, lo que a veces puede gatillar un cuadro importante de depresión pre festividad.

Por suerte, llevo bastante tiempo organizando Iom Tov y tengo un par de recomendaciones para que mantengas la cordura… no es que yo siempre sea capaz de utilizarlas ni que logre mantener mi propia cordura, pero si tomamos conciencia y tenemos estas herramientas “en el bolsillo”, puede que recordemos usarlas cuando la cosa se ponga difícil y estemos al borde de estallar.

Presento aquí cinco cosas importantes para hacer que te ayudarán a combatir esa desagradable depresión pre festividad:

1. Duerme lo suficiente. ¡Jajaja! No suena muy realista, sobre todo cuando tienes tantas cosas para hacer, y es fácil perder la noción del tiempo y cocinar y limpiar felizmente durante toda la noche. Lo sé, suena extrañamente romántico… pero no. Simplemente no lo hagas.

La verdad es que serás mucho más efectiva si apagas todo, incluyéndote a ti misma, y te vas a dormir. Ahora bien, puede que haga falta un esfuerzo extremadamente consciente y mucho autocontrol. Pero, confía en mí, vale la pena. Si tu mente corre a mil por hora y te preocupa todo lo que debes hacer, haz una lista nueva para el día siguiente y, en la mañana, no creerás lo mucho más que podrás lograr en comparación a lo que hubieses hecho sin energía y cayéndote. Cuando el día acabó, acabó. Olvida todo por unas horas y ve a dormir.

2. Ejercita. No importa si es una caminata de 20 minutos o una maratón; asegúrate de poner tu cuerpo en movimiento. Sí, sabemos que agacharse para poner ropa a lavar o pasar la aspiradora bajo el colchón también es ejercicio. Pero no es un momento apartado y hecho a tu medida para que medites en los movimientos saludables de tu cuerpo. Estamos a punto de entrar en una zona de abundante consumo de grasas y azúcares, durante un período extendido de tiempo. Prioriza tu cuerpo, pon en marcha tu metabolismo y deja que las endorfinas te pongan un poco más feliz.

3. Enfócate en la gratitud. Es muy fácil sentir resentimiento cuando parece que haces todo por todos, menos por ti. Claramente, deberías ayudar a los demás a ayudarte (personalmente, me resulta muy difícil dejar que las personas me ayuden, y luego termino quejándome de que yo hago todo. ¡Pide y acepta ayuda!). Pero, igualmente, cuando te ves superada, es bueno detenerte y reenfocarte. Es un buen momento para salir a caminar, hacer ejercicio, o simplemente mirarte en el espejo del baño durante cinco minutos. Luego, piensa conscientemente en todas tus bendiciones: tu familia, tus hijos, tu dinero (o al menos el crédito de la tarjeta que no tienes que pagar hoy), tu hogar, y toda tu fuerza, resistencia y talento para hacerlo todo. Agradécele a Dios en ese momento, y agradécete a ti misma. ¡Dite lo increíble que eres!

Cuando dejas de quejarte (también en tu cabeza) y rediriges tu proceso de pensamiento hacia la gratitud, haces una gran diferencia en tu ánimo, y la energía que emites a tu familia es más positiva. Y eso volverá a ti. La gratitud puede ser extremadamente fortalecedora para ti y para tus relaciones familiares.

                                                       

4. Conéctate con amigas. Si tus amigas no son gourmets competitivas que aman jactarse de su(s) frízer(s) lleno(s) de delicias para Pésaj, y están un poquito estresadas o deprimidas como tú, entonces asegúrate de hacerte un tiempo para verlas. Si admites que no siempre amas los preparativos para Iom Tov y que te sientes muy culpable e inadecuada por ello, y descubres después que no eres la única, puede resultarte extremadamente terapéutico. Incluso media hora de conversación con otras mujeres que se sienten como tú, compartiendo un café (¡con crema batida!), puede aliviar una gran carga de estrés.

5. Conéctate con Dios. Trata de darte cuenta POR QUÉ hacemos todo este trabajo: porque Dios nos salvó. Y continúa salvándonos, y nosotros estamos agradecidos. En esos momentos en que tus pensamientos y energía no son positivos, hablar con Dios puede ayudar en gran medida. Sólo pídele que te ayude y fortalezca, y reconoce que Él creó la imperfección y que eres lo suficientemente buena tan sólo por existir.

Y a continuación presento algunos de mis consejos personales de supervivencia para Pésaj que aprendí durante los años:

1. No compito. Soy muy buena en muchas cosas, pero no tengo que ser muy buena en todo. Y, con seguridad, no tengo que hacer exactamente lo que todos aparentan estar haciendo.

2. No soy parte del frenesí. Todo el mundo parece correr enloquecido a partir del segundo en que termina Purim. Mi actitud es que, como igualmente estaré ocupada antes del Iom Tov, para qué extender la locura antes de tiempo. Contemplo el frenesí desde lejos y, quizás, escribiré un menú y haré una lista de compras mientras tomo un café una semana y media antes de Iom Tov.

3. Limpio de acuerdo a la ley judía. Estudia las leyes y te relajarás de inmediato. Por ejemplo, no eres responsable por migas del tamaño de una molécula que estén absorbidas en tu sofá. No tienes que sacar cada libro de la biblioteca y aspirar cada página. Estudia las leyes y delega responsabilidades.

4. No horneo en Pésaj. Con la excepción de un brownie fácil de preparar o una mezcla lista para torta, puedo decir orgullosamente que mis postres consisten de fruta fresca, jugos o helado. O salteamos el postre por completo. Nunca bato un huevo para una torta de Pésaj, y nadie en mi casa se ha sentido despojado.

5. Evito casi todo lo que requiere una procesadora. Además del obligatorio kúgel de papas, no hay motivo para que una comida de Iom Tov no consista de pollo fresco, buenas carnes, vegetales horneados y ensaladas frescas. Las mezclas procesadas… en su mayoría terminan igual en la basura.

6. Espero imperfecciones. Más allá de lo que hagas, el tiempo en familia puede volverse intenso. En lugar de preocuparme por lo que pueda salir mal, simplemente espero que las cosas salgan mal. Así puedo reírme de ellas o, al menos, lidiar con ellas sin drama.

Te envío mucha energía positiva y amor, y te deseo un hermoso, cálido y redentor ¡Pésaj kósher vesaméaj!

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